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Mi Historia x Erik Dueñas

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Todavƭa lo puedo ver. Estaba en sexto o sƩptimo grado, en un viaje de estudios al California Science Center. ReciƩn habƭa comenzado a entrenar con la academia de LAFC y ahora estaba mirando un nuevo estadio que se estaba construyendo al lado del museo de ciencias.

Cuando me di cuenta de lo que era, pensĆ©: "Oh, ahĆ­ es donde voy a jugar algĆŗn dĆ­a.ā€

Es una bendición ser un jugador local. Algunas personas no estĆ”n seguros de lo que eso significa. Yo lo describo como alguien que empieza con un club y allĆ­ desarrolla su nivel hasta llegar al primer equipo. Otros deportes realmente no tienen la misma configuración, asĆ­ que para los que no son fanĆ”ticos del fĆŗtbol, ​​lo explico asĆ­: imagina ir a un campamento juvenil de los Dodgers cuando estĆ”s en sexto grado y luego continuar yendo a ese mismo campamento todos los dĆ­as hasta que Los Dodgers te seleccionan y un dĆ­a estĆ”s jugando en Dodger Stadium.

Es algo raro. Especialmente para mí, es único porque soy de Los Ángeles. Nací y crecí aquí. ¿Y ahora podré jugar en el club que representa el corazón de esta ciudad? Es un sueño.

Mi mamÔ y mi papÔ vinieron aquí desde Guadalajara, México, con el único propósito de darles a sus hijos una vida mejor que la que ellos tuvieron. Crecí en El Monte, este del centro de Los Ángeles. Allí hay muchos mexicanos y muchos latinos. EstÔn sucediendo muchas cosas en El Monte, muchas buenas y tal vez no tan buenas. Cada ciudad tiene sus partes malas y sus partes buenas y El Monte es así. Me encanta El Monte. Tengo un lugar especial en mi corazón para todos los que son de allí.

Para mí siempre fue el fútbol. Ningún otro deporte. A mi papÔ siempre le gustó el fútbol y él es quien nos hizo jugar, a mí y a mi hermano Diego que es un año mayor que yo. Había una liga justo al lado de El Monte que se llamaba Liga La Puente. Mi papÔ nos llevó allí para formar parte de nuestro primer equipo que se llamaba Club VH. Era un equipo de amigos y familiares. Todos estaban muy unidos. JugÔbamos en la escuela primaria Sparks y en la escuela secundaria Sierra Vista.

Uno de mis primeros entrenadores fue Joey Cascio. El consiguió un trabajo como entrenador de un club en Pomona, y luego lo invitaron a ser uno de los primeros entrenadores de la academia de un nuevo club de la MLS que estaba comenzando en Los Ángeles. El invitó a un grupo de jugadores que había entrenado, a esas pruebas de la academia. Era un grupo grande de 40 o 50 niños haciendo pruebas para el primer equipo de la academia del LAFC. Yo era uno de ellos. Semana tras semana, había cada vez menos niños, y luego supe que lo logré. Ese fue un día que mi familia y yo nunca olvidaremos.

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La academia ha cambiado mucho desde que empezó. Al principio, practicÔbamos un día en East LA College y al día siguiente en Cal State LA, y luego en otro. Todo en LAFC se estaba construyendo desde cero, al igual que el estadio. No sabíamos dónde estÔbamos practicando de un día para otro, pero estaba muy agradecido por todo.

Hoy en dƭa, la academia desarrolla muchos mƔs jugadores, en mƔs grupos de edad. Las instalaciones estƔn creciendo. Todo es parte del proceso de ayudar a los jugadores a llegar al primer equipo. Eso es el objetivo principal.

He tenido altibajos con la academia. Durante los primeros dos aƱos, no tuve mucho tiempo de juego. No voy a mentir, me desanimĆ©. Al final de mi segundo aƱo, me dije: "Si quiero triunfar como jugador de fĆŗtbol profesional, necesito quedarme en este club y darlo todo, seguir adelante y seguir luchando.ā€

Estuve a punto de que me cortaran hasta que cambié mi modo de pensar. Al año siguiente fui titular y poco después me subí a un avión por primera vez en mi vida, rumbo a una competición de copa en Dallas. Yo Nunca olvidaré ese viaje. Me alegré mucho de haber elegido luchar por mi sueño.

Mi experiencia diaria en aquel momento era poco raro en el mundo del fútbol. Mi familia y yo nos despertÔbamos, desayunÔbamos y luego íbamos todos a Cal State LA para ver los juegos de la academia. Cuando el primer equipo jugaba en casa, íbamos a casa en El Monte, luego íbamos directamente al estadio y esperÔbamos a que abrieran las puertas. No me importaba esperar porque siempre había tacos por ahí, ”y esos hot dogs que venden en los carritos justo afuera de las puertas! ”Delicioso!

Cuando abrĆ­an las puertas, mi papĆ” y mi hermano iban con el 3252 y mi mamĆ” y mi hermano menor se sentaban con los demĆ”s. Esos son algunos de mis recuerdos favoritos: mi papĆ”, Diego y yo en el North End, cantando y gritando. Mi canto favorito es ā€œSalta por LA Football Club,ā€. Sólo que ahora lo siento desde una perspectiva diferente: Del campo.

No puedo creer que estoy jugando partidos junto a Carlos Vela e Ilie SƔnchez. Pero ellos mismo me dicen todo el tiempo que pertenezco aquƭ. Que me gane mi lugar.

QuĆ© regalo es jugar con una leyenda como Giorgio Chiellini. Simplemente me gusta decir su nombre. Giorgio Chiellini. A veces hace bromas conmigo como: ā€œTengo edad suficiente para ser tu padre,ā€ Ā”y es verdad! Los jugadores mĆ”s experimentados (Giorgio, Carlos, Ilie, John McCarthy) han sido muy generosos conmigo y al mismo tiempo me han desafiado a mejorar y contribuir al equipo. Porque eso es lo que hacen todos los dĆ­as. Intentan mejorar y contribuir al equipo. No podrĆ­a pedir mejores mentores.

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Mi familia se mudó a Rialto hace un año. EstÔ bastante lejos de El Monte, pero aún así vuelvo. Tengo mi madrina en El Monte. Ella nos cuidaba después de la escuela mientras mis padres trabajaban. Todos los viernes tenemos una reunión en su casa. Todos los niños se reúnen y toda la familia almuerza o cena juntos. El Monte siempre serÔ mi hogar.

Cuando salgo al campo en BMO Stadium y miro hacia arriba y veo a mi familia, me emociono. Mis padres han luchado mucho desde su juventud, creciendo en México. Nos dieron todo. Lucharon por mí y por mis hermanos todos los días. Eso me motiva. Esa es la parte emocional. Juego fútbol para mí, pero principalmente lo hago para mi familia. Juego para hacerlos sentir orgullosos y hacerlos sonreír. Eso es lo que se merecen.

Mientras crecĆ­a, mi papĆ” siempre nos decĆ­a a mĆ­ y a mi hermano que tuviĆ©ramos metas, algo que alcanzar y lograr. Ese consejo me ha ayudado mucho. Cuando tenĆ­a 10 aƱos, mi padre me dijo: 'A los 13 o 14 aƱos estarĆ”s en una academia'. Y cuando lleguĆ© allĆ­, cuando estaba fuera del museo de ciencias mirando nuestro estadio, pensĆ©: ā€˜TenĆ­a razón.'

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